Cuenta Lázaro su vida, y cuyo hijo fue I


Cuenta Lázaro su vida, y cuyo hijo fue 

Para que resulte comprensible esta entrada, me veo forzada a explicar cómo he llegado a estos pensamientos y conclusiones, también por si a alguien le sirve de guía para la investigación /mejor comprensión de los textos (como ya he comentado en la entrada de la importancia del contexto) ¿Cómo debemos leer cada trazo de la vida de Lázaro? Pues el mismo prólogo nos lo indica, y de este he tomado la fuente de la estructura narrativa de la obra: Marco Tulio Cicerón. Si oteamos la obra de Diálogos del orador, veremos que encontramos aplicadas las recomendaciones de Tulio en la fórmula narrativa de Lázaro de Tormes, del mismo modo qué temas a tratar: moralidad, leyes, naturaleza humana, etc. Por lo que citar a Tulio no fue un mero captatio benevolentiae, para mí es una clara referencia de cómo ha de leerse la obra para comprender toda su complejidad, dicho de otra manera, conocer el “caso” muy por extenso.
En primer lugar, la fórmula narrativa del Lazarillo más obvia es la epístola. No pasemos por alto que tanto Tulio Cicerón, como en el Nuevo testamento, la epístola resultaba una vía de diálogo para instruir, educar, fórmula que a su vez emplea Santo Tomás de Aquino para guiar y reformar la estructura de la iglesia, por lo que podemos afirmar que la estructura narrativa se nos presenta con una estructura narrativa con tres tipos de lectura posibles (y puede que existan más, pero solamente quiero centrarme en estas dos, de momento): jurídica y teológica .
La jurídica es por razones más que obvias, Marco Tulio Cicerón es un abogado, padre del derecho romano. Considero vital estudiarlo y tenerlo en cuenta no tan solo por ser citado en el prólogo, sino porque todo erudito español de la época lo estudiaba en la Universidad de Salamanca, pase lo que pase su escritura se va a ver condicionada por Tulio, tanto en la estructura, como en el pensamiento. Me resulta curioso cada vez que pido ayuda a mi compañera Elena de clásicas, siempre me dice: "es una estructura muy típica de Cicerón" reconoce la estructura y le llama Cicerón, no Tulio, a mí me despierta un interés y curiosidad asombrosas.
La teológica es inevitable, es imposible hablar de la palabra de Dios y gestionar las reflexiones que hace Lázaro a lo largo de la obra sin conocer la simbología de la fe, además de fusionarla con el pensamiento de Tulio, sumado a que también es la base del estudio en la Universidad de Salamanca en tiempos del Lazarillo.
 
"Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre; y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y, estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río."
Comienza un nuevo yo humanista en la voz de Lázaro para explicar el caso muy por extenso. Lázaro se remite a alguien de rango superior a él, ya que no es vuesa merced, sino Vuestra Merced, nunca debemos pasar por alto las fórmulas de tratamiento de la época, ya que estas nos colocan en contexto a la hora de identificar y contextualizar a personajes además a sus autores.
“Ante todas cosas”, un conector deíctico donde el autor marca la pauta de la importancia de lo que va a narrar. “Ante todas cosas”, si realizamos una búsqueda de esta expresión en el CORDE, comprobaremos que podemos encontrar esta expresión escrita así en 36 casos de prosa histórica, 22 en prosa jurídica, 22 en prosa de sociedad, 17 en prosa narrativa, 16 en prosa científica, 3 en prosa religiosa y 2 en la didáctica. Sin embargo, la primera vez que lo busqué cometí un error al copiar la expresión y tecleé en el CORDE “ante todas las cosas”, un cambio mínimo, insignificante a la vista de un lector corriente, pero el resultado de la búsqueda fue completamente diferente: 9 casos en prosa de sociedad, 3 en prosa jurídica, 17 en prosa religiosa y 2 en la histórica. Una diferencia estadística relevante, o al menos me lo parece a mí: mi idiolecto no es el mismo que el del autor de Lázaro, sin embargo, sí comparto este rasgo idiolectal con los 15 casos de mi búsqueda errónea, mientras que mi autor comparte su rasgo idiolectal con 48 autores más ¿Qué nos diferencian los que usamos el artículo “la” de los que no lo usan? No sé responder a esta pregunta, de momento; mi objetivo al explicar esto es recordarme a mí misma buscar respuesta a esta pregunta e invitaros a preguntaros las mismas cosas que yo, le llamo pensar en compañía. “Ante todas cosas”, entiendo que marca un orden de prioridades en el relato, normas de educación, va a presentarse. “Que a mí me llaman Lázaro de Tormes…”, es lógico decir quién eres, quiénes son tus padres, etc., aunque no puedo evitar pensar en algo que leí en los Coloquios de Palatino y Pinciano que decía algo así como que en las salas de la Santa Inquisición se podían encontrar a muchos nobles llevando cartas a los oidores certificando su procedencia para corroborar que son cristianos viejos, y algo me dice que esta “carta” de presentación de Lázaro puede tener mucho que ver con este hecho.¿Quién es Lázaro de Tormes? Lo explicaré en la segunda parte de esta entrada. 

Gracias por regresar, querido lector desocupado.