Lázaro y el ciego III


      "En su oficio era un águila", águila, cuánta carga simbólica en esta metáfora. La forma de la nariz del águila siempre se ha relacionado con el judaísmo, todos recordamos el célebre soneto de Quevedo dedicado a Góngora A un hombre de gran nariz. Otra simbología que esconde el águila es la gran vista, y tengamos en cuenta que su amo es ciego, ironías ¿qué veía el ciego? aquello que los que creen no ven, símbolo de fuerza, agudeza, poder, no olvidemos que el ciego -a su manera- es un representante de la iglesia. El águila también es conocida por ser un ave depredadora. No me cansaré de repetirlo: nada, absolutamente nada está dejado en manos del destino en esta obra, y es lo que más me gusta de ella, cada palabra, cada símbolo está mimosamente escogido. 
     Ya he comentado en otras ocasiones que la figura del ciego está claramente inspirada en el personaje de la Celestina, por diversas razones, y no creo que sea fruto de la lectura nada más, sino porque nuestro anónimo autor y Fernando de Rojas – qué a saber si ese es el verdadero autor de la obra de La Celestina es él –, puede que estudios jurídicos, moralidad, lecturas, filosofía… Lo importante de todo esto, es que estudiar la figura de La Celestina, como obra, nos ayuda a comprender al propio ciego. 
     Sinceramente, Lázaro no es un pícaro, tal y como lo concebimos, aprende a través de sus amos a serlo, y, al fin y al cabo, la picaresca no es otra cosa que corrupción moral-social. Sí, la obra da el comienzo al género picaresco, pero Lázaro como tal no es un pícaro, simplemente procura sobrevivir.
El vino, otro símbolo que nace con el ciego, junto el pan: el cuerpo y la sangre de Cristo. “¿Qué te parece Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud -y otros donaires que a mi gusto no lo eran.” El vino da y quita vida, el pan alimenta cuerpo y alma, palabras premonitorias de cómo va a ser la vida de este personaje que busca el medrar ¿Medrar como analogía en búsqueda de la virtud? Tantas veces que he leído la obra y reflexionado sobre la carga simbólica al “medrar”, siempre lo había visto como ascender socialmente para encontrarte en una posición cómoda económicamente; a medida que aprendo cosillas sobre teología, y mi propia madurez en la vida, ya no lo veo de ese modo -de esto ya hablaba Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias”- y me pregunto ¿en qué punto el autor y yo estamos conectados en este símbolo del medrar? Importante descubrirlo, porque como lectora me viene bien ver ese medrar para mejorar como persona, pero ¿la investigación literaria no se trata de averiguar qué buscaba realmente el sentido del autor? En mi caso, ahora mismo sí, ya que quiero descubrir quién fue su autor ¿Por qué digo todo esto? Pues fácil, el campo semántico y su carga paradigmática es vital para la búsqueda del idiolecto. 


     “Acaeció que, llegando a un lugar que llaman Almorox al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo de ellas en limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados, y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano. Para echarlo en el fardel, tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, así por no poder llevarlo, como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes.”

     Altamente es conocida la anécdota de las uvas de Almorox entre Lázaro y el ciego, y cómo no, esta historia tiene mucha simbología dentro de sí. En primer lugar, quiero destacar la propia localidad, Almorox. Almorox fue un territorio de dominación árabe, además de ser uno de los centros importantes de los morisco por largo tiempo. Almorox no era solamente reconocida por esto, sino también por ser Sendadelosjudíos o Valdejudíos…en resumen, todos los enemigos naturales de un cristiano. Recordemos el contexto en todo momento: se estaban ejecutando cruzadas contra los moros y los judíos expulsados si no se convertían al cristianismo, amén de la limpieza de sangre y comprobar que eras cristiano viejo. 

     Otro dato para fijarnos en este acontecimiento entre Lázaro y el ciego es el racimo de uvas. El racimo de uvas, en la Biblia, simboliza la fiesta de Dios[i]. El juego de cómo comían las uvas: primero de una en una, el ciego torna de dos a dos, y Lázaro de tres en tres.  El número uno representa a Dios y la unidad. El número dos representa división y santidad, la sabiduría del mundo y la sabiduría de Dios. El número tres representa la perfección, Dios relacionado con la creación[ii].


“Estábamos en Escalona, villa del duque de ella”, especificar villa del duque puede que fuera habitual en la época para diferenciar una villa de otra, o puede que el autor nos estuviera señalando algo con este lugar dominado por el duque de ella Diego López Pacheco y Portocarrero[iii], mayordomo de los Reyes Católicos y de Felipe I, maestre de la Orden de Santiago, alcalde perpetuo de las Arcas del Obispado de Cartagena, caballero del Toisón de Oro. Me pregunto si todas estas cosas las quiero ver yo, o aquí nuestro amado autor se estaba montando su propia Divina comedia.
     La venganza de Lázaro de Tormes con respecto al ciego, donde las dan, las toman. Podríamos pensar que Lázaro aplica la ley del “ojo por ojo” al emplear las mismas malas artes que emplea el ciego con él, aunque el ciego le advirtió que “el mozo de un ciego ha de ser un punto más sabio que el propio diablo”, por tanto, lo único que hace Lázaro -a mí entender- es demostrar que ha aprendido y que la única forma que tiene de librarse del diablo es emplear sus propias malas artes contra él.
     En resumen, Lázaro aprende las malas artes del diablo con el ciego -clara inspiración de la Celestina-, donde nos invita a reflexionar sobre las enseñanzas bíblicas, manual del perfecto cristiano ¿algo de esto no era lo que intentaba Erasmo de Rotterdam y compañía?

Gracias por acompañarme de nuevo, querido lector desocupado.




[i] https://www.biblia.work/diccionarios/racimos-uvas/

[ii] https://sabialibertad.org/numerologia-biblica/
  [iii] http://dbe.rah.es/biografias/59914/diego-lopez-pacheco-y-portocarrero