Aquí me encuentro, con una hoja en blanco ante un bloqueo literario y me he dicho ¿por qué no escribir sobre el tema? Bueno, lo mío, más que un bloqueo literario, es un bloqueo de investigación. Hace días debería haber escrito la segunda entrada de Lázaro y el clérigo, pero me he bloqueado, no veo nada, me siento agotada.
Lo más curioso es que podría hablaros de mil cosas sobre Lázaro si me preguntáis, y casi siempre acabaría diciendo lo mismo: me queda tanto por aprender, tanto por estudiar, leer e investigar que no sé por dónde empezar. Con un tremendo sentimiento y ganas de tirar la toalla. ¿Qué hacer cuando esto ocurre? Pues nada, quejarse un poco, descansar y retomar cuando otra vez la curiosidad te invada y no puedas parar de leer, investigar y escribir.
Otros trabajos son mecánicos, es mejor realizarlos con ganas, sí, pero cuando tu mente dice que no, es que no. ¿Por qué escribo esto ahora? Pues porque pueden haber muchos lectores, estudiantes, investigadores, escritores noveles como yo, que se vean ante este bloqueo y pensar que no es lo suyo, que no merece la pena, que... Pues os aseguro que no, tras cinco años investigando en serio el tema y toda mi vida con esa pregunta en mi cabeza os diré que no es así.
Lo más probable es que no consiga mi propósito con esta investigación, tengo más cosas en contra que a favor, pero no por ello voy a abandonar. Ahora ando en bloqueo, pues bien, descansaré, leeré otras cosas, me despejaré y ya volverán las musas cuando mi mente esté relajada. He encontrado pistas, teorías, visto la luz y dicho eureka con cosas que jamás imaginarías, así que va siendo hora de explorar otros mundos en busca de luz. En ocasiones ha sido leer filosofía, otras sobre matemáticas, teología, universo... nunca sabrás dónde está escondido ese hilito que te lleva hasta la vuelta a casa, Pulgarcito.
Gracias por vuestra paciencia, querido lector desocupado y bloqueado.