Cuenta Lázaro su vida, y cuyo hijo fue II

¿Quién es Lázaro de Tormes?
El nombre de Lázaro de Tormes no está escogido al azar, tengamos en cuenta que en la Biblia nos encontramos dos Lázaros que pueden simbolizar perfectamente a nuestro querido Lazarillo.
  El primer Lázaro [1] nos remite a la parábola de Lázaro y el rico. No nos debe sorprender ya que a lo largo de toda la obra Lázaro va de amo en amo pasando hambre, miserias, heridas, fortunas y adversidades. En la tierra va a sufrir, pero se verá recompensando en el reino de los cielos. El segundo Lázaro [2] al que nos remite es al resucitado por Jesucristo, y no nos debe extrañar tampoco, ya que, en cierta forma, Lázaro con cada amo muere y vuelve a nacer al tercer día: "Y fue así, que, después de Dios, éste me dio la vida, y, siendo ciego, me alumbró y adestró en la carrera de vivir.". Así pues, no debemos olvidar que el Lazarillo es una persona que da noticia de su persona, persona que evoluciona y cambia con cada paso (amo) en cada "tractado" de su vida.
“Que a mí me llaman Lázaro de Tormes”, como todo el mundo sabe, en el Renacimiento las novelas más leídas -aquellas que lograban evadirte de la cruda realidad y te refugiaban en un mundo idílico donde todo era posible- eran las novelas de caballería. Si alguien avispado ha leído El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha [4] sabrá que Alonso Quesada era un noble de baja condición que se refugiaba en las lecturas de las novelas de caballería. Conoce la importancia del nombre y llevar con honor y honra el lugar que representa, por ello se transforma de Alonso Quesada a don Quijote de la Mancha. Pues bien, nuestro Lázaro no se transforma, nace ya con esa condición al haber nacido en el mismo río Tormes.  Tanto la Mancha como el río Tormes son lugares concretos en España, al mismo tiempo que impreciso para que cualquier persona se pudiera identificar con nuestros personajes por no ser personajes exóticos en parajes desconocidos imaginarios, fórmula llevada a cabo en las novelas de caballería. Lázaro no necesita armarse caballero, ni profeta, ni nada, pues nace ya con todas las condiciones en dicho río.
   Por un lado, el que haya nacido dentro del mismo río Tormes nos remite a muchas más cosas. La primera de todas es, como no podía ser de otra manera, al bautizo del propio Jesucristo en el río Jordán por su propio primo Juan Bautista. Por otro lado, el nacer de noche no es al azar ¿qué hacía allí la madre de Lázaro de Tormes? El agua siempre ha simbolizado el erotismo, por lo que sospechamos que algo de esto tienen que ver, además, la noche es el momento ideal para el encuentro de los amantes. La noche también oculta los pecados, como se pude ver también en la obra de la Celestina o el Libro del buen amor. En conclusión, el que la madre lo pariera allí tampoco es casualidad, del mismo modo que fuera de noche y no de día. O también, como todos conocemos, Jesús de Nazaret se llama así por haber nacido en Nazaret, como Lázaro de Tormes nace en el río Tormes.
Queridos lectores, como veréis, mucho contexto, simbología e información vamos a encontrarla en autores coetáneos, autores anteriores o autores posteriores cercanos: ninguna lectura está de más, y todo contexto es poco, proceda de donde proceda.

Otra forma de investigar son las hipótesis en investigarlas a ver hasta dónde te llevan. Los padres de Lazarillo, Tomé González y Antona Pérez, son naturales de Tejares, aldea de Salamanca, al sur del río Tormes. Curiosamente, si realizamos una búsqueda en el PARES[5] encontraremos estos nombres de Tomé González y Antona Pérez acusados por la Santa Inquisición de judíos. Puede que sea coincidencia o no: puede que nunca lo sepamos. Vamos a suponer que su autor conociera a los verdaderos Antona Pérez y Tomé Gonález, naturales de Tejares y emplee estos nombres y apellidos por alguna razón muy concreta (cosas que nunca que por mí nunca vistas ni oídas, pero sí conocidas por conocer a sus protagonistas reales), que no quiere que caigan en la sepultura del olvido, y esté realizando una denuncia velada que nos toca a nosotros, lectores, ahondar en ello y desvelarlo. No sé a vosotros, pero en una obra donde abundan los nombres parlantes que aparezcan nombres propios, me huele a cuerno quemado, máxime si busco en PARES y aparecen justamente. Qué sí, que son nombres muy comunes, pero eso no quita que mi hipótesis no pueda ser cierta, debo investigarlo hasta andar segura de lo que pasa: nada en esta obra está escrito al azar.
Esto no quita que Tomé González pueda remitirse al santo San Bartolomé, ya que siempre es representado por meter el dedo en la llaga de las heridas del Jesús, y en otras, estar representado con un puñal en la mano, el trabajo de Tomé González es acemillero en el molino, y hacía sangrías (sangre) en los costados ¿cómo el propio santo? Y por ello fue desterrado a la batalla de Gelvez, a una conclusión parecida ha llegado Aldo Ruffinato (cosa que descubrí leyendo Las dos caras del Lazarillo). Sí, esta es otra cosa, sientes que vas por el buen camino cuando notas que piensas y llegas a las mismas conclusiones que grandes investigadores; nunca hay que tomarlo como una derrota el que otro lo haya visto antes y tú lo descubras cuando leas tal tesis, o tal libro, no, es claro indicador de que estás aprendido y yendo por muy buen camino: estás aprendiendo a pensar, a investigar y a manejar bien los datos.
Otro juego lingüístico, digno de destacar, es que Tomé se puede interpretar como el pretérito perfecto simple de indicativo del verbo tomar: “Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo cual fue preso, y confesó y no negó, y padeció persecución por justicia. Espero en Dios que está en la gloria, pues el Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra moros, entre los cuales fue mi padre (que a la sazón estaba desterrado por el desastre ya dicho), con cargo de acemilero de un caballero que allá fue. Y con su señor, como leal criado, feneció su vida.” Por lo que tomó prestado, gracias a ciertas sangrías hechas en los costales.
Preso, confesó y no negó padeciendo persecución por la justicia ¿Cómo el mismo Tomé González que he encontrado en el PARES? Tal vez sí, tal vez no, tendré que investigarlo y comprobarlo.


Antona Pérez para mí, como nombre propio, simplemente se queda en la anécdota de PARES, no me aventuro a elucubrar ninguna teoría, de momento. Sin embargo, si nos basamos estrictamente en el texto, Antona Pérez al verse viuda, con un niño pequeño de ocho años se ve forzada a tener que buscar calor masculino para poder salir adelante. Tengamos el contexto del tiempo y las circunstancias de Antona: prostituta, con un hijo y sin poder buscar un trabajo honrado ¿qué otra cosa podía hacer que arrimarse a los buenos para no morir de hambre? Pues estudiantes, solados…hasta que da con Zaide (que si quitamos la letra “Z” podemos leer ayuda en francés ¿casualidad?). Claro, de vivir pasando hambre, entrar este sarraceno y recibir comida en conjunto con una vida tranquila y feliz, hermanastro incluido, Lázaro reflexiona sobre la naturaleza humana -como ya hiciera Tulio Cicerón o Santo Tomás de Aquino-: : "No nos maravillemos de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le animaba a esto." ¿Cómo podía ser pecado algo realizado con amor y no cuando se hacía por razones amorales? Gran reflexión humana a la que somos invitados antes de conocer a estos personajes.
Reflexionemos, Lázaro de Tormes siempre se ha leído como una crítica a la iglesia del sacro imperio, y esa lectura es así. Sin embargo, teniendo presente el contexto, política e iglesia eran la misma cosa ¿es de locos leerlo como una crítica a la gestión política de Carlos V? Una respuesta que encontraremos si conocemos a su autor.
“¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!.” Se dijo para sí ante una anécdota con su hermanito -como todos sabemos-, y digo yo ¿no fue una excusa para hacernos reflexionar a todos? Siempre nos lanza adagios, sentencias, refranes… ante anécdotas cotidianas, de condición humana. Amo este libro por todo lo que me enseña, me remueve, me estimula y me hace reflexionar.
  

Yo por bien tengo que hayáis venido otra vez, queridos lectores desocupados.