Razones por las cuales nunca se debería recomendar un libro a nadie



     Un libro es como un amigo, no todos nos pueden caer bien, ni le podemos caer bien a todo el mundo; sin embargo, como decía Plinio “los gustos no son todo unos, y no existe libro malo que algo bueno no se hallara en él”. ¿Por qué esta entrada? Porque me cabrea mucho cuando me recomiendan un libro atendiendo a lo que la gente piensa que puede llegar a gustarme, por el simple y mero hecho de que se parece remotamente a algo que me ha gustado, sin atender a las razones del porqué me ha gustado. En esos momentos me siento como cuando ando en una tienda en donde la dependienta o dependiente me intenta vender lo que tiene en la tienda sin que tenga nada que ver, note mi incomodidad y me obligue a no volver porque la experiencia no fue grata.



     Prefiero perder a un buen amigo a leer un libro que no me gusta, así de claro lo digo. La relación entre el lector y el libro es un arte de seducción, donde cada gusto es particular. A mí me apasiona leer aquello que me nutra como lectora, algo extremadamente cervantino, lo confieso. Amo leer a los clásicos, y no poder pedante cultureta, sino porque de adolescente descubrí que esos libros estimulaban una parte de mí que el resto no lograba. Un buen libro me desafía, me presenta un léxico misterioso que amplia mi visión del mundo, es como ese buen amante con el que te sientes y libre a la par que crecer como persona, sin encontrarte limitada a un abc.

Tan importante para mí es el contenido del libro, como la forma en la que está escrito el mismo. Un libro mal escrito es como presentarte sin duchar y acicalar ante la persona que te gusta. La palabra es seductora, como se combina la misma puede producir una bella danza en tu imaginario. Por ejemplo, adoro leer a los escritores del Renacimiento por esa mágica danza que producen con la palabra, para muestra pondré un botón:


“Salio Preciosa rica de villanzicos, de coplas, seguidillas, y çarabandas, y de otros versos, especialmente de romances, que los cantaua con especial donayre. Porque su taymada abuela echó de ver, que tales juguetes y gracias, en los pocos años, y en la mucha hermosura de su nieta, auian de ser felicissimos atractiuos, e incentiuos para acrecentar su caudal, y assi se los procuró y buscó por todas las vias que pudo, y no faltó poeta que se los diesse; que tambien ay poetas que se acomodan con gitanos y les venden sus obras, como los ay para ciegos, que les fingen milagros y van a la parte de la ganancia (de todo ay en el mundo), y esto de la hambre tal vez haze arrojar los ingenios a cosas que no estan en el mapa.”

La gitanilla, Miguel de Cervantes, su primera novela.

     Cervantes describe en una metáfora a una gitanilla (poesía), donde se defiende -en el Renacimiento se consideraba al soneto como la estructura métrica de la forma culta, junto con el latín como lengua de excelencia, por lo que Cervantes procura dignificar a nuestras rimas en algo digno, del mismo modo que la lengua castellana, como ya hiciera Dante Alighieri. Obviamente, para poder ver todo esto en este pequeño esbozo es complejo, si no se tiene una competencia literaria vasta de clásicos y búsqueda de conexión entre los mismos.



     Balzac podría resultar un escritor desconcertarte y clasistas, aunque a mí no me lo parece, simplemente era perfectamente consciente de que no todo lector estaba preparado para su palabra. En un principio, leerle es una auténtica pesadilla, a pesar de ello no podía parar de leerlo: me hizo reír, dudar, llorar, sentir… me indigné tanto que fui hasta su tumba a pedirle explicaciones. Existen escritores que escriben para lectores vagos, otros para lectores que desean ser desafiados y otros simplemente escriben porque sí. Cada escritor tiene sus motivaciones para escribir, el lector tiene la responsabilidad de saber escoger las lecturas, como quien escoge su alimentación para poder mantener una mens sana in corpore sano. No quiero extenderme para no herir sensibilidades. Lo que sí pediré es que, si no te piden una recomendación, no la des, no te la piden porque no la necesitan. No es que se cierren a tus gustos, es que simplemente es un lector selectivo con sus lecturas, del mismo modo que con su dieta o hábitos de vida. Es por esta razón y no otra, por la que me cuesta recomendar libros, aunque tengo dos genéricos: Peter Pan y Alicia en el país de las maravillas, puesto que nutren al niño/adulto que tenemos desatendido.
 
Hasta otra, querido lector desocupado