Hablemos de esa cosa llamada libros



       Querido lector desocupado, en la entrada de hoy procuraré no dar nombres de autores ni de libros, por aquello de no herir sensibilidades, ya que quiero exponer mi particular opinión sobre aquello que he leído, y téngase en cuenta que estoy con las palabras de Plinio el viejo: “no existe libro malo que algo bueno no se hallara en él”, ya que, en múltiples ocasiones, me he sorprendido disfrutando de un libro realmente malo.

       El lector tiene sus momentos, y el leer es como un juego de seducción. Te acercas al libro, el libro te lanza una mirada profunda, intimidatoria mientras te susurra su título. Dudas, abres la tapa, lo hueles, comienzas a leer las primeras letras y descubres si se convertirá en el nuevo libro de tu vida o no, o simplemente tuviste un leve coqueteo con el mismo. En ocasiones, nos encontramos en páramo lector, donde cualquier libro te parece poco apetecible; otras, te falta tiempo para poder leer todo aquello que quieres leer. Caprichoso que es el lector ¿no creen? La cosa es nunca dejar de jugar al juego de la seducción lectora.

       Tengo por costumbre leer varias veces el mismo libro, con diferentes lecturas, visiones, puntos de vista y estados de ánimo, manías que tengo de leer lento. Me he sorprendido leyendo cosas que no me gustaban nada, o que llegué a aborrecer en un tiempo y después amarlas, o viceversa. Adorar a un personaje y después odiarlo…El libro siempre es el mismo, la que cambia soy yo, o el tiempo, o puede que el libro me engañe, a saber. Tanto el lector como el libro deben estar preparado el uno para el otro. Habrá libros que nunca te parecerán buenos -a mí me ha pasado en múltiples ocasiones- y, a pesar de ello, siempre le otorgo más oportunidades. Lo que no soporto son los libros muy mal escritos, me distraen, no me concentro en la lectura -del mismo modo que no soporto libros mal traducidos, me saca de mis lectoras casillas-, me dedico a buscar paradigmas en las palabras, por lo que llego a conclusiones, me pierdo… no sé, noto que algo en ese libro va realmente mal y no disfruto de la historia.

       Querido lector desocupado, un buen libro necesita, imprescindiblemente, un buen filólogo detrás que implante las directrices del mejor maestro literario que conozco, Cerbantes -sí, con “b”, vamos a escribir bien ya tan ilustre apellido-. Procuraré resumirlo lo mejor que pueda, dado que en toda la vasta obra de Cerbantes se habla de literatura, su estudio y de cómo debería ser la misma. Verosimilitud, da igual que esté ambientada en parajes imaginarios, que sucedan cosas fantásticas, la cosa es que el lector debe creer que ese mundo es posible gracias a un hilo con marco lógico. La forma de redactar es realmente importante para que el lector comprenda correctamente el mensaje y, lo que es más, para enseñar al lector a leer. Una coma mal colocada corrompe todo el texto. No, querido lector desocupado (escritor), no se escribe tal cual se habla, la coma es ese símbolo deíctico que ilustra el camino del pensamiento del escritor. Tenemos el deber y la responsabilidad de redactar grandes escritos para nuestros lectores, sin ello, se podría considerar una falta de respeto. Si no andas seguro de dónde y cuándo colocar las comas, no te preocupes, existen manuales, cursos, talleres y filólogos que te pueden iluminar en el camino, nadie nace sabiendo ni experto -yo misma cometo errores y eso que se supone que ando instruida-.

       La historia debería tener alguna enseñanza, moraleja, aprendizaje, aunque tampoco es imprescindible. No obstante, al menos hazla amena, entretenida, que logre evadir al lector. Te recomiendo, querido lector desocupado, que leas la carta prólogo del Quijote de la Mancha, el arte nuevo de hacer comedias por aquello de aprender lo que es el decoro poético, y un poco las disertaciones de Aristóteles sobre el teatro. Si escribes un ensayo, te recomiendo leas a Marco Tulio Cicerón y su Oratoria, por aquello de saber exponer las argumentaciones y reflexiones finales, a mí me ha venido de fábula. La ortografía, el uso de anglicismos…mil detalles a tener en cuenta con los que no os quiero apabullar, no soy quien, cada cual ha de escoger su estilo y registro. Lo que sí os aconsejaré, como lectora desocupada, es que penséis a quién queréis que vaya dirigida a la obra, qué huella queréis dejar en el mundo de las letras. Suerte y a leer o escribir.



Hasta otra, querido lector desocupado.

Leed, leed malditos

             Por fin retomo este blog literario, como no podía ser de otra manera. Tras unos meses de bloqueo lector/investigador -he leído, sí, pero nada relacionado con mi investigación, es lo que tienen las investigaciones, contienen bloqueos y callejones donde la salida no se aprecia hasta que no te pierdes-, he vuelto a encontrar nuevas vías de investigación y recargado pilas para retomar mi fiel y amante camino. 



       ¿Cómo y por qué he retomado? Leyendo la Cosmogonía de Hesíodo, algo que no tiene nada que ver, y sí, con mi investigación literaria. Es una obra que ya había leído con prisa y mal, dado que estaba pésima traducida y hasta que no encontré -con encontré me refiero a regalaron- la edición crítica de la editorial Gredos, no me centré en lo verdaderamente importante, en el texto y lo que este me quiere decir. Un buen libro reúne una serie de características, ya lo explicaba Cervantes en su Quijote, verosimilitud, buen decoro poético, fórmula estilística, etc., sin estos condimentos el lector no puede aprender ni centrarse en la lectura, entra en una espiral de locura adivinatoria o sinsentido. Una vez estuvo el libro en mis manos y comencé a leerlo por segunda vez, prólogo incluido con mis amadas anotaciones a pie de página, pude centrarme en una cosa realmente importante de esta obra, el uso de los epítetos/adjetivos, y me detuve imperiosamente en algunos: tenebroso, oscuro, lúgubre. 



       ¿Por qué estos y no otros? Porque despertaron en mí un afán etimológico semántico del uso de los mismos. Aún no he acabado de releerlo, esto me va a llevar más tiempo del que esperaba, puesto que me estoy deteniendo en mil sutilezas más, cosas que tiene ser una lectora como yo: lenta, analítica y que desmenuza cada palabra, cada coma, cada punto, cada cosa. Estos epítetos ahora contienen un solo sentido semántico y, sin embargo, en tiempos de Hesíodo, contenían dos realidades deícticas ¿cómo hemos perdido esas entidades semánticas y por qué?




       Teniendo en cuenta que el español tiene los verbos ser y estar, dos fórmulas latinas que se han fundido en una en el resto de las lenguas romances, no nos debería sorprender las pérdidas de estos sentidos semánticos en verbos, adjetivos, sustantivos, metáforas…Lo realmente importante, al menos eso creo, es que cuando leamos estos clásicos no debemos perder de vista estas pérdidas, para poder identificarnos y apreciar en su totalidad el sentido y enseñanza de la obra. Existe una conferencia de Rafael Álvarez “el Brujo” interpretar la lengua, os la recomiendo como guía de lectura de cualquier clásico, a mí me ha ayudado muchísimo (os dejo el enlace)[i]

       Todo esto me llevó a preguntarme ¿cuántas enseñanzas me he perdido en mis lecturas con los libros y las personas? Ludwig Wittgenstein decía que no tenemos problemas filosóficos, sino lingüísticos, y le doy completamente la razón -puede que por ello nació la expresión aquella de que me responsabilizo de lo que digo, no de lo que interpretes-, él mismo propuso un diccionario donde la semántica se agrupara por el sentido del uso de la palabra, aunque esto no resultara del todo preciso, puesto que dicho diccionario sería infinito, ya que habría que registrar cada sentido de cada signo.









       Esto no es una pipa, y el artista no te miente, eso no es una pipa ¿qué puede ser? Pues la respuesta es obvia, es la representación gráfica de lo que conocemos -conocimiento ontológico- de una pipa, pero no lo es ¿o puedes fumar con ese dibujo que representa a la pipa? Pues tengamos en cuenta que cada idioma, lengua, contiene metáforas, sentidos lingüísticos, metonimias, y demás alteraciones del signo. Por tanto, cuando leamos, nos comuniquemos, procuremos no olvidar este axioma: no pensemos que la otra persona tiene problemas filosóficos expresivos, sino que tenemos poca precisión lingüística al expresarnos o al intentar comprender, por lo que realicemos el esfuerzo de analizar y formular patrones de usos lingüísticos del comunicado que se nos presenta.


Hasta otra, querido lector desocupado.

El nuevo concepto de carpe diem


El nuevo concepto de carpe diem

     Disfrutad del momento efímero en un segundo, disfrutad rápido que la vida se acaba. No, no penséis, no sintáis, no hay que saborear cada instante de vida. Muere joven, deja un cadáver bonito. Sombras, sombras como en  Momo, el tiempo se agota y ya la arruga ha dejado de ser bella.

     Ya quedó atrás el tiempo en donde disfrutar era tomar pausadamente con café con un amigo. Ya quedó atrás el tiempo en donde viajar con un libro y escuchar música nos llenaba el alma. Ya quedó atrás el tiempo en donde un beso podía prolongarse toda una noche, donde el resto de los movimientos en esa partida de ajedrez se vivía intensamente antes de realizar el momento jaque mate. Atrás quedó ese momento en el que simpatizas, conectas con el ser que tienes en frente. 

     No, queridos y queridas lectoras, ya hemos cambiado el concepto de carpe diem, ahora no tenemos tiempo para poder contemplar el vuelo de una mariposa y enamorarnos de su color. Ya se agotó el tiempo de poder contemplar a Selene y pedirle consejos para enamorar a Morpheo. No, ya todo se agotó, nuestro disfruta del momento es tener la mejor casa, el mejor móvil, el mejor novio…ya lo viejo y obsoleto estorba: más madera, esto es la guerra.

     Pues me niego. Quiero detenerme eternamente en esa mirada, en la sonrisa de un niño, en las palabras y sus significados. Quiero enamorarme de la nada y del todo al mismo tiempo. Quiero sentir intensa y pausadamente: quiero disfrutar mi momento, vivir mi vida sin que parezca un anuncio de publicidad con tiempo limitado para poder sentir las cosas.

     Llorar, reír, sentir, explorar…Quiero mi propio carpe diem, quiero…¿o acaso el miedo nos libera de la esclavitud del del sentir apasionadamente?



Hasta otra, querido lector desocupado.

Cómo Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él pasó IV




     “Mas, como la hambre creciese, mayormente que tenía el estómago hecho a más pan aquellos dos o tres días ya dichos, moría mala muerte; tanto, que otra cosa no hacía, en viéndome solo, sino abrir y cerrar el arca y contemplar en aquella cara de Dios, que así dicen los niños.”

     Hambre, pan, dos o tres días, muerte, abrir y cerrar el arca, cara de Dios, niños, palabras claves que nos desvelan muchos secretos ocultos. Por un lado, el hambre de fe que con pan (el cuerpo de Cristo) se sacia y no le dejan el acceso un pecado capital. Los números, siempre los números nos están indicando cosas: tres días, cuando resucita el Lázaro, primo de Jesús, en la Biblia; para resucitar, primero ha de morir. Abrir y cerrar el arca[i], si recordamos un poco el génesis y el arca de Noé recordaremos que se abría y cerraba para encontrar la salvación tras el diluvio, y tras la salvación estaremos con Dios, ergo, veremos su cara y así dicen los niños (inocentes). Fabuloso juego de palabras para despistar a la censura y abrirnos los ojos. 

     “Mas el mismo Dios, que socorre a los afligidos, viéndome en tal estrecho, trajo a mi memoria un pequeño remedio, que, considerando entre mí, dije: «Este arquetón es viejo y grande y roto por algunas partes, aunque pequeños agujeros. Puédese pensar que ratones, entrando en él, hacen daño a este pan. Sacarlo entero no es cosa conveniente, porque verá la falta el que en tanta me hace vivir[ii]. Esto bien se sufre».

     El mismo Dios socorre a Lázaro y por ello le muestra agujeros de donde puede sacar el cuerpo para salvarle y darle vida. El ratón, en la fe cristiana, simbolizaba con el diablo. No paro de maravillarme de los juegos semánticos paradigmáticos de esta obrilla que con grosero estilo se pide que se escriba. “-Cómete eso, que el ratón cosa limpia es.” Le dice el clérigo, paradójico. La avaricia, como buen pecado capital, es pensar en sí mismo: no comparto a Dios, así que quédate tú con el diablo. 

     “Y luego me vino otro sobresalto, que fue verle andar solícito quitando clavos de las paredes y buscando tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros de la vieja arca.”
 
     No conforme con esto, el clérigo tapa los agujeros del arca para que nadie pueda pasar. Clavos y tablillas, como Jesucristo crucificado, con su vida paga nuestros pecados, cerrando al diablo a donde se encuentra Dios. Sin embargo, Lázaro no halla consuelo a su hambre y recita, en grosero estilo, unas palabras que me recuerdan a San Juan de la Cruz o Santa Teresa: “¡Oh Señor mío -dije yo entonces-, a cuánta miseria y fortuna y desastres estamos puestos los nacidos, y cuán poco duran los placeres de esta nuestra trabajosa vida!”, o del mismísimo fray Luis de León. 

     “Agora, donos traidores ratones, conviéneos mudar propósito, que en esta casa mala medra tenéis.” Como bien explica Francisco Rico, donos se emplea en plural con tono despectivo, traidores ratones (Judas, Satanás…), buscando que cambien de idea ya que en la casa del clérigo no podrían prosperar, adorable juego irónico en donde el pecado campa a sus anchas: “No nos maravillemos de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le animaba a esto.” ¿notáis como todo va cobrando sentido si reorganizamos la obra y observamos con detenimiento los múltiples significados que contiene?

     “Pues estando una noche desvelado en este pensamiento, pensando cómo me podría valer y aprovecharme del arcaz, sentí que mi amo dormía, porque lo mostraba con roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando estaba durmiendo. Levantéme muy quedito, y, habiendo en el día pensado lo que había de hacer y dejado un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le hallase, voyme al triste arcaz, y, por do había mirado tener menos defensa, le acometí con el cuchillo, que a manera de barreno de él usé. Y como la antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió y consintió en su costado, por mi remedio, un buen agujero. Esto hecho, abro muy paso la llagada arca, y, al tiento, del pan que hallé partido, hice según de yuso está escrito. Y con aquello algún tanto consolado, tornando a cerrar, me volví a mis pajas, en las cuales reposé y dormí un poco, lo cual yo hacía mal, y echábalo al no comer. Y así sería, porque cierto, en aquel tiempo, no me debían de quitar el sueño los cuidados del rey de Francia.”

     Un cuchillo, como el que porta siempre San Bartolomé en los cuadros, aquel que metió el dedo en la llaga[iii]. Antiquísima arca ¿el arca de Noé, donde solamente entrarán aquellos que se podrán salvar y estar con Dios? La halló sin fuerza y corazón, como si Dios se rindiera, el cuerpo de Cristo (el pan) llagado y en este metió su cuchillo según las escrituras ¿tanto pecado acometido para poder llegar a Dios? No me debían quitar los sueños del rey de Francia ¿o de España? Recordemos que el rey de Francia era uno de los mayores enemigos de Carlos I de España en aquel entonces ¿doble sentido, ocultando la crítica o postulándose a favor del enemigo del emperador? No, todavía no tengo respuesta a estas cuestiones, necesito indagar más y descubrir a su autor para poder desvelarlas. 

Hasta otra, querido lector desocupado.


[i] http://arcadesalvacion2.blogspot.es/1485650242/cerrar-y-abrir-puertas/
[ii] El echar a los ratones la culpa de la desaparición del pan ha sido juzgado sugerencia de la traducción castellana del Asno de oro: “que debían por todas las vías y artes que pudiessen, buscar el ladrón que aquel común daño hacía, porque no era de creer que el asno que allí solamente estaba había de aficionar a comer tales manjares, pero que cada día faltaban los principales y más preciados manjares; demás desto, en su cámara no había muy grandes ratones ni moscas”, Francisco Rico, cátedra. Como podemos comprobar gracias a Rico, Lázaroo también tiene influencias del Asno de oro, cosa que iremos analizando poco a poco.
[iii] https://elenaysusletras.blogspot.com/2019/03/cuenta-lazaro-su-vida-y-cuyo-hijo-fue.html