"En su oficio era un
águila", águila, cuánta carga simbólica en esta metáfora. La forma de la nariz
del águila siempre se ha relacionado con el judaísmo, todos recordamos el
célebre soneto de Quevedo dedicado a Góngora A un hombre de gran nariz. Otra
simbología que esconde el águila es la gran vista, y tengamos en cuenta que su
amo es ciego, ironías ¿qué veía el ciego? aquello que los que creen no ven,
símbolo de fuerza, agudeza, poder, no olvidemos que el ciego -a su manera- es
un representante de la iglesia. El águila también es conocida por ser un ave
depredadora. No me cansaré de repetirlo: nada, absolutamente nada está dejado
en manos del destino en esta obra, y es lo que más me gusta de ella, cada
palabra, cada símbolo está mimosamente escogido.
Ya he comentado en otras ocasiones que la figura del ciego
está claramente inspirada en el personaje de la Celestina, por diversas
razones, y no creo que sea fruto de la lectura nada más, sino porque nuestro
anónimo autor y Fernando de Rojas – qué a saber si ese es el verdadero autor de
la obra de La Celestina es él –, puede que estudios jurídicos, moralidad,
lecturas, filosofía… Lo importante de todo esto, es que estudiar la figura de La Celestina, como obra, nos ayuda a
comprender al propio ciego.
Sinceramente, Lázaro no es un pícaro, tal y como lo
concebimos, aprende a través de sus amos a serlo, y, al fin y al cabo, la
picaresca no es otra cosa que corrupción moral-social. Sí, la obra da el
comienzo al género picaresco, pero Lázaro como tal no es un pícaro, simplemente
procura sobrevivir.
El vino, otro símbolo que nace con el ciego, junto el pan:
el cuerpo y la sangre de Cristo. “¿Qué te parece Lázaro? Lo que te enfermó te
sana y da salud -y otros donaires que a mi gusto no lo eran.” El vino da y
quita vida, el pan alimenta cuerpo y alma, palabras premonitorias de cómo va a
ser la vida de este personaje que busca el medrar ¿Medrar como analogía en
búsqueda de la virtud? Tantas veces que he leído la obra y reflexionado sobre
la carga simbólica al “medrar”, siempre lo había visto como ascender
socialmente para encontrarte en una posición cómoda económicamente; a medida
que aprendo cosillas sobre teología, y mi propia madurez en la vida, ya no lo
veo de ese modo -de esto ya hablaba Ortega y Gasset “yo soy yo y mis
circunstancias”- y me pregunto ¿en qué punto el autor y yo estamos conectados
en este símbolo del medrar? Importante descubrirlo, porque como lectora me
viene bien ver ese medrar para mejorar como persona, pero ¿la investigación
literaria no se trata de averiguar qué buscaba realmente el sentido del autor?
En mi caso, ahora mismo sí, ya que quiero descubrir quién fue su autor ¿Por qué
digo todo esto? Pues fácil, el campo semántico y su carga paradigmática es
vital para la búsqueda del idiolecto.
[iii] http://dbe.rah.es/biografias/59914/diego-lopez-pacheco-y-portocarrero
“Acaeció que, llegando a un lugar que llaman Almorox al
tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo de ellas en
limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados, y también porque la uva en
aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano. Para echarlo
en el fardel, tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un
banquete, así por no poder llevarlo, como por contentarme, que aquel día me
había dado muchos rodillazos y golpes.”
Altamente es conocida la anécdota de las uvas de Almorox
entre Lázaro y el ciego, y cómo no, esta historia tiene mucha simbología dentro
de sí. En primer lugar, quiero destacar la propia localidad, Almorox. Almorox
fue un territorio de dominación árabe, además de ser uno de los centros
importantes de los morisco por largo tiempo. Almorox no era solamente
reconocida por esto, sino también por ser Sendadelosjudíos o Valdejudíos…en
resumen, todos los enemigos naturales de un cristiano. Recordemos el contexto
en todo momento: se estaban ejecutando cruzadas contra los moros y los judíos
expulsados si no se convertían al cristianismo, amén de la limpieza de sangre y
comprobar que eras cristiano viejo.
Otro dato para fijarnos en este acontecimiento entre Lázaro
y el ciego es el racimo de uvas. El racimo de uvas, en la Biblia, simboliza la fiesta de Dios[i].
El juego de cómo comían las uvas: primero de una en una, el ciego torna de dos
a dos, y Lázaro de tres en tres. El
número uno representa a Dios y la unidad. El número dos representa división y
santidad, la sabiduría del mundo y la sabiduría de Dios. El número tres representa
la perfección, Dios relacionado con la creación[ii].
“Estábamos en Escalona, villa del duque de ella”,
especificar villa del duque puede que fuera habitual en la época para
diferenciar una villa de otra, o puede que el autor nos estuviera señalando
algo con este lugar dominado por el duque de ella Diego López Pacheco y
Portocarrero[iii],
mayordomo de los Reyes Católicos y de Felipe I, maestre de la Orden de
Santiago, alcalde perpetuo de las Arcas del Obispado de Cartagena, caballero
del Toisón de Oro. Me pregunto si todas estas cosas las quiero ver yo, o aquí
nuestro amado autor se estaba montando su propia Divina comedia.
La venganza de Lázaro de Tormes con respecto al ciego, donde
las dan, las toman. Podríamos pensar que Lázaro aplica la ley del “ojo por ojo”
al emplear las mismas malas artes que emplea el ciego con él, aunque el ciego
le advirtió que “el mozo de un ciego ha de ser un punto más sabio que el propio
diablo”, por tanto, lo único que hace Lázaro -a mí entender- es demostrar que
ha aprendido y que la única forma que tiene de librarse del diablo es emplear
sus propias malas artes contra él.
En resumen, Lázaro aprende las malas artes del diablo con el
ciego -clara inspiración de la Celestina-,
donde nos invita a reflexionar sobre las enseñanzas bíblicas, manual del
perfecto cristiano ¿algo de esto no era lo que intentaba Erasmo de Rotterdam y
compañía?
Gracias por acompañarme
de nuevo, querido lector desocupado.
[i] https://www.biblia.work/diccionarios/racimos-uvas/
[ii] https://sabialibertad.org/numerologia-biblica/
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