Tratado segundo
Cómo Lázaro se asentó
con un clérigo, y de las cosas que con él pasó
“Pues ya que conmigo tenía poca caridad[i],
consigo usaba más.” Caridad, una de las siete virtudes para combatir los
pecados capitales, según el contexto del autor y su competencia teológica
procedente de la obra Suma teológica
de Santo Tomás de Aquino. El clérigo, amo de Lázaro, no ejercía la caridad con
Lázaro; sin embargo, sí tenía caridad para él mismo, es decir, era avaro, lo
contrario a tener caridad. No cabe duda de que el clérigo representa la
avaricia. A continuación, nuestro autor se descubre con las viandas que
sostiene al clérigo y a él, además de ser un juego para mostrar el hambre (fe)
que con él pasaba, la gastronomía empleada nos indica otro rasgo de competencia
ontológica, y por ende, de su idiolecto: jamás puedes nombrar aquello que no
conoces, siempre lo que conoces.
“Toma, come, triunfa, que para
ti es el mundo. Mejor vida tienes que el Papa.”/ «¡Tal te la dé Dios!» -decía
yo paso entre mí.
Irónica frase la del clérigo para con Lázaro cuando lo
finaba de hambre, poca comida y se huelga (burla) diciéndole que vive mejor que
el Papa (iglesia), paradójica caridad del avariento ¿no creen? Aunque Lázaro no
se queda callado, y entre sí se dijo -me recuerda a la estructura griega cuando
el personaje se dirige al público para orientarle en la catarsis ‑, que
Dios le devuelva la misma caridad a él, como el paseíllo del Infierno de Dante guiado por Virgilio. Además,
si consultamos Las dos caras del
Lazarillo de Aldo Ruffinatto, podremos descubrir que esta frase hecha se
usaba para hacer alusión a la crítica que realizaban los erasmistas al papa y
al emperador.
“A cabo de tres semanas que
estuve con él vine a tanta flaqueza, que no me podía tener en las piernas de
pura hambre. Vime claramente ir a la sepultura, si Dios y mi saber no me
remediaran. Para usar de mis mañas no tenía aparejo, por no tener en qué dalle
salto. Y, aunque algo hubiera, no podía cegalle, como hacía al que Dios perdone
(si de aquella calabazada feneció), que todavía, aunque astuto, con faltalle
aquel preciado sentido, no me sentía; mas estotro, ninguno hay que tan aguda
vista tuviese como él tenía.”
Tanta hambre pasaba que temía morir de ella, si Dios y su
astucia no lo remediaba, sigue recalcando el hambre de fe. Sin embargo, podría
hacer alusión al ayuno, que duraba tres semanas[ii],
Daniel 10:2-3. Como todos sabemos, el ayuno siempre se ha usado para acercarse
a Dios, y en este caso de hambre de fe del clérigo y Lázaro poder seguir siendo
guiado por él, como bien le recordó su madre: “criado te he, y que Dios te guíe”.
No nos debe extrañar que la honra y el hambre sean el tema principal del Lazarillo puesto que era la preocupación
de la época en tiempos de cismos de fe y crisis económica. Lo interesante de
investigar los símbolos en la obra de Lázaro
de Tormes es que el tiempo que este vive, sus fortunas y adversidades, Fortuna
no fue tan benevolente con él, lo mismo que con la España actual: la corrupción,
la falta de empleo, la crisis moral no hemos superado tras 500 años para
mejorarnos; sin duda alguna, somos realmente torpes.
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